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Robots con un pie en el futuro y otro en la Edad Media

31 de octubre de 2017 05:17 AM
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Robots con un pie en el futuro y otro en la Edad Media

En el Reino de Arabia Saudita temen que se avecine una crisis. El petróleo, responsable del 70% de la riqueza que genera el Reino, ya no parece asegurar el bienestar y la estabilidad económica que solía. Es por esto que sus autoridades desde hace algún tiempo coquetean con otras formas de mantener y expandir su fortuna. Alcanza con pispear las diez empresas más valiosas del mundo para entender por qué su atención hoy está puesta en abrirse al mercado tecnológico.

Es en esta dirección que la semana pasada se realizó el congreso "Future Investment Initiative" donde el heredero al trono saudita prometió una suave transición hacia un Reino más occidentalizado, que vuelva a un "islam más moderado " con promesas tan revolucionarias como que existan los cines, las mujeres puedan manejar coches, y, quizás, no tengan que temer por sus vidas al tuitear una imagen de ellas sin el velo.

Pero lo que cautivó a las cámaras fue que, por primera vez en la historia, durante el evento se otorgó la ciudadanía saudita a un robot llamado "Sophia", una ginoide modelada en base a Audrey Hepburn. El ardid publicitario consistió en una suerte de incómoda "entrevista" que le hizo el presentador a la máquina que, detrás de un atril, respondía a preguntas pautadas previamente. Por supuesto que todo el episodio fue patético, pero sigámosle la corriente.

La "entrevista" tuvo todos los clichés imaginables: la mención a Terminator, la impostada adulación a los presentes, e incluso un guiño jocoso a Elon Musk. Pero lo que brilló por su ausencia fue alusión alguna al hecho de que el Reino parece haberle otorgado más derechos a un robot que a las mujeres que viven ahí. Sin ir más lejos, Sophia no respetó el código de vestimenta impuesto a las mujeres en Arabia Saudita, estuvo conversando con un varón ajeno a su familia y apareció en público sin su mahram o tutor masculino obligatorio. Cualquiera de estas tres cosas hubiera sido suficiente para detenerla, multarla, o peor.

A contracorriente de los aplausos durante el evento, Twitter se colmó de tuits denunciando la hipocresía. Algunas personas (de carne y hueso) incluso expresaron el deseo de "convertirse en Sophia para poder tener derechos". También se mencionó que en Arabia Saudita sólo los musulmanes pueden volverse ciudadanos. "Si Sophia se convirtió al islam para obtener su ciudadanía, ¿por qué no está usando su hijab? Si fuera humana jamás se la hubieran dado", comentó en Newsweek Ali Al-Ahmed, director del Instituto de Asuntos del Golfo. Básicamente, con la ciudadanía, Sophia obtuvo más derechos que cientos de miles de personas que vivieron toda su vida en el Reino.

¿Pero qué implican estos derechos realmente? ¿Son los mismos que tiene un ciudadano saudita humano? ¿Puede elegir si casarse o no? ¿Sería legal desconectarla o borrar su memoria? ¿Qué pasaría si se la hace actuar en contra de su voluntad? Quizá lo más tétrico del asunto sea que la respuesta a varias de las preguntas por la "ciudadanía" de Sophia sea idéntica a la respuesta por los derechos de las ciudadanas sauditas (de origen biológico).

Ninguna de estas preguntas fue parte del encuentro. Los inversores, que aplaudían cada pavada que Sophia "respondía", participaron durante tres días para escuchar acerca de las virtudes del futuro. Aprovechando la ocasión, el príncipe herederoanunció la construcción de una megaciudad cuyo costo ascenderá a los 500 mil millones de dólares que, entre otras cosas, estará poblada por más robots que personas. "Todo estará conectado a la inteligencia artificial, al internet de las cosas", prometió, mientras hoy sólo el 20 por ciento de la capital saudita tiene cloacas.

Considerando el pésimo historial que Arabia Saudita tiene respecto del reconocimiento de los derechos humanos básicos -que sistemáticamente viola- casi cualquier cambio es bienvenido. Pero darle la ciudadanía a robots de utilería o prometer "ciudades conectadas" no hace a ninguna revolución. Ni siquiera es un paso en la dirección correcta. Como Silicon Valley tuvo que aprender por las malas, el sexismo puede ser un obstáculo a la innovación. Si esto es un problema en Occidente, un nuevo "Silicon Valley" en un país donde usar jeans es una ofensa grave es impensable.

Fuente: lanacion.com.ar

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