Rubiel Quintana: de la selección nacional al olvido por una fractura

25 de noviembre de 2013 05:36 AM

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Rubiel Quintana: de la selección nacional al olvido por una fractura

El exselección Colombia vive una situación económica difícil y debe operarse las rodillas.

Óscar Córdoba, el legendario portero de Boca, le confesó que prefirió no meterle la mano a un ‘taponazo’ suyo en La Bombonera argentina y el balón se metió en el arco.

Así, el futbolista Rubiel Quintana, que en ese partido jugaba con el Deportivo Cali, recuerda la fuerza de su disparo. “Uno acá en los pueblos se acostumbra a jugar descalzo, y eso permite ganar potencia. Entonces, cuando se llega al fútbol profesional las cosas son más fáciles”, cuenta Quintana, sentado en una banca afuera de la casa de su madre en El Carmelo, corregimiento de Candelaria (Valle del Cauca).

Aquellas épocas en las que Quintana intimidaba en las canchas solo hacen parte del anecdotario. Actualmente debe esforzarse hasta para caminar lentamente. Una cicatriz a la altura del tobillo izquierdo –le fracturaron el peroné cuando jugaba para Belgrano de Córdoba– es cruda seña del fin de su carrera.

“Tengo problemas en las dos rodillas. No sé qué tengo en la izquierda, pero creo que es de menisco, porque me roza algo por dentro. Y en la derecha, me operaron el menisco que se me rompió en 1998 con el Cortuluá, pero también me está molestando. Tengo una artrosis. Así estoy desde hace seis años. Los compañeros me dicen el ‘cojo’ y que parezco el ‘cuentahuesos’ (risas). Tienen que hacerme una limpieza. Necesito hacerme valorar”.

Esa valoración médica es un costo elevado que no puede pagar el exjugador. La ve tan lejana como el poder comprar un carro o volver a devengar un buen salario.

“Si pudiera volver a empezar, aprovecharía al máximo la oportunidad. Me hubiera gustado haber formado una escuela de fútbol aquí en el pueblo”, dice, mientras señala un amplio terreno.

Allí, Quintana jugaba béisbol. Lo hizo hasta los 9 años, cuando los vecinos lo convencieron de que tenía aptitudes para convertirse en futbolista. “Jugaba descalzo, de delantero. Y cuando me fui a probar al Boca Juniors, de Cali, un amigo me prestó los guayos. Luego de que superé las pruebas, don Gustavo Moreno Arango (presidente de ese equipo) me regaló unos nuevos”, comenta.

Dice que si volviera a empezar tendría una vida mesurada. Recuerda que antes los 20 días que le daban de vacaciones se iban en rumba. “Nos íbamos para Puerto Tejada, El Cabuyal, Villa Rica y nos quedábamos tres o cuatro días bebiendo. Era una locura. Yo sacaba un presupuesto de 10 millones de pesos para la rumba, pasear y regalarle a la gente que necesitaba y a mi familia”.

De aquellos fastuosos días en los que celebraba sin cansancio conserva algunos afiches en los que viste las camisetas de Cortuluá, Deportivo Cali y la Selección Colombia.

Quintana, que además jugó en el América, Centauros, Millonarios, en el fútbol turco, Atlético Huila, Envigado, Unión Magdalena, Chicó y finalizó en el Pereira, con apenas 35 años, habla con melancolía.

Con los ‘diablos rojos’ tuvo su título de campeón, en el 2000. Jugó en el green team que conformó el Cali en el 2001 y que fue dirigido por José el ‘Cheché’ Hernández y Luis Fernando Suárez.

Luego de su paso por el Cali, Cortuluá, que era dueño de sus derechos, lo cedió al Belgrano de Córdoba (Argentina). El 15 de septiembre del 2001, Carlos Arano, de Racing, le fracturó, en un juego, un tobillo de la pierna izquierda. Esa tarde hubo polémica porque al argentino solo le sacaron amarilla. Ese día se empezó a ver afectada la carrera futbolística, por asuntos físicos.

Pese a ello, su mayor sueldo lo percibió después, en el Rizespor, de Turquía, al que llegó en el 2003. “Recuerdo que en Turquía me ganaba 15.000 dólares, y en el Cali solo 12 millones de pesos, que no eran justos, pues estaba en buen nivel”, relata.

La abundancia en Turquía le duró menos de un año. En el 2004 pasó por Cortuluá y Atlético Huila. Fue un año complicado, y terminó 15 días en un calabozo por una presunta extorsión.

“En vacaciones fui donde un amigo. Él estaba tomando cerveza con unos tipos, que me pidieron que los llevara al centro de Tuluá a cobrar una plata. Cuando los estábamos esperando, nos cayó el Gaula. Uno de ellos confesó que yo no tenía nada que ver, y salí limpio”, dice.

El exfutbolista cuenta que tuvo todo lo que quiso, pero ahora vive todo lo contrario. “Nunca tuve quien me asesorara, y malgasté mucha plata. Estaba joven y soltero. Esta carrera es corta, y muchas veces cuando uno reacciona ya es demasiado tarde. Este es un consejo para los jóvenes”, advierte.

Rubiel Quintana tiene 35 años y está desempleado. Vive de la ayuda de familiares y amigos, y pese a su difícil situación económica no deja de soñar con un mejor futuro.

Para ello quiere estudiar en la Escuela Nacional del Deporte y operarse las rodillas, pues así podrá trabajar sin dolores físicos y en algo que sabe hacer bien. Su idea es enseñarles a las nuevas generaciones de futbolistas y brindarles un mejor futuro a sus hijos, de 6 y 12 años.

“Voy a empezar un proyecto con un amigo. Es una escuelita de fútbol, que es lo que sé hacer”, comenta.

El exjugador vive en el barrio Desepaz, un sector humilde del oriente caleño. Pasa su tiempo entre su casa y la de su mamá, en el corregimiento El Carmelo.

Fuente: eltiempo.com

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