Bajo un puente en Bogotá, desplazados reclaman Ley de Víctimas

24 de noviembre de 2013 05:41 AM

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Bajo un puente en Bogotá, desplazados reclaman Ley de Víctimas

Un total de 132 desplazados del Chocó, Bolívar, Tolima, Santander, Vichada, Boyacá, Huila y otras regiones del país, completaron este sábado 20 días bajo el puente vehicular de la calle 116 con avenida 9, en Bogotá, a tan solo una cuadra de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos en Colombia.

Allí 'viven' estos colombianos, quienes todos los días duermen y conviven con el ruido de los autos que transitan la avenida novena, el frío de la noche capitalina, la lluvia en algunas ocasiones y la incertidumbre que les provoca la espera de una ayuda del Gobierno.

El pasado jueves 22 de noviembre, cerca de las 5 de la tarde, un aguacero cayó en Usaquén, la localidad Uno de Bogotá. El agua y el granizo hicieron de las suyas. Los cartones, las tablas y las carpas quedaron empapadas. La parte baja del puente se inundó y las escobas fueron las protagonistas.

Un niño, de unos 9 años de edad, y curioso al observar a un fotógrafo, le preguntó: ¿Por qué cae hielo del cielo?. Luego lo tomó en sus manos y se lo comió. El fotógrafo no tuvo más remedio que guardar silencio.

Mientras la lluvia caía sobre sus pequeñas 'viviendas', José contaba con nostalgia como la violencia lo obligó a dejar su hogar en Natagaima, Tolima, en 2007. Actualmente vive en Soacha con su esposa y cuatro hijos, pero desde hace 20 días, duermen bajo un cartón bajo el puente de la 116.

“Mi mujer va cada dos días a Soacha a visitar a los demás niños. No podemos dejarlos solos. Yo me quedo acá porque quiero que el Gobierno nos cumpla y nos dé una casa y una ayuda para trabajar, para poder mantener a mi familia”, cuenta José.

Este hombre, de unos 37 años de edad, acude a diario a una construcción cercana a pedir prestado un baño y bañarse con una totuma. El aseo ante todo.

Al igual que José, Malguer Osorio, un joven de 27 años, y quien es desplazado de María la Baja, en Bolívar, ve pasar los días a la espera de que algún funcionario, e incluso el mismo Presidente, se acerque a darles una esperanza. Lo único que no han perdido.

Malguer trabajaba lavando carros al norte de la ciudad. Pero el pago no era suficiente para ayudarle a su mamá, y por eso decidió, a través de lo que un amigo le contó, ir a reclamar la ayuuda estatal.

Sus rostros solo muestran miradas perdidas. Bajo un plástico, un cartón, y en dos carpas que les facilitó la Alcaldía de Usaquén, duermen cada noche unas 12 personas junto con sus hijos. Las noches son largas. El suelo es su cama. Pasada la media noche, cuando el tráfico ha disminuido casi un 90%, logran conciliar el sueño, pero más por el cansancio que por la comodidad de su aposento.

El drama de Alberto, quien pidió cambiar su nombre por protección, es similar al de muchos otros allí. Él, acosado por la violencia, dejó sus cultivos de cacao en Santander, junto a su esposa y sus 6 hijos. Estos días se ha alimentado con el desayuno, almuerzo y comida que les lleva a diario el Distrito.

Alberto agradece también a “los ricachones” -así les llama- que viven en el sector, quienes les han llevado alimentos, cobijas y ropa para mitigar el hambre y el frío que sienten. Tal vez por lástima, misericordia o pura humanidad.

Pedro Nel Cardona, representante legal de la Asociación de Campesinos Desplazados por la Violencia y Terrorismo, y vocero de estas familias, explica que ellos solo piden que el Gobierno cumpla con la Ley 1448 de Restitución de Tierras, “por la cual se dictan medidas de atención, asistencia y reparación integral a las víctimas del conflicto armado interno”.

Cardona manifiesta que le piden al Gobierno Nacional reparación y protección para sus familias. “Somos víctimas de un conflicto y estamos aquí pidiendo justicia, paz y reparación”, dijo, y agregó que lo único que quieren es volver a sus tierras.

El vocero campesino advierte que las víctimas del conflicto “no estamos en contra de la paz”, pero aclara que “el Estado debe reconocer que la paz va cogida de la mano con las víctimas”.

“Aquí está el dolor de toda Colombia. Acá nos quedaremos hasta ser escuchados. Estamos acá porque este es un punto donde se encuentra la Oficina de la ONU y queremos darle a conocer al mundo y a la comunidad internacional que en Colombia se habla de una mal llamada Ley de Víctimas que no se le ha dado cumplimiento”, puntualizó Pedro Nel.

Este es el drama que viven estos 132 desplazados, quienes esperan día a día que el Gobierno los escuche y cumpla lo estipulado por la Corte Constitucional, la Ley de Víctimas con la cual se harían válidos la restitución de tierras e indemnizaciones monetarias. Mientras tanto continuarán durmiendo en carpas y azotados por el frío bajo el puente de la 116.

Fuente: eluniversal.com.co

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