Arbeloa se cuela en la fiesta de Cristiano Ronaldo

27 de noviembre de 2013 10:05 PM

33 0

Arbeloa se cuela en la fiesta de Cristiano Ronaldo

La noche tenía que ser para Cristiano. El Bernabéu le había reservado el día al portugués, aspirante al Balón de Oro y, por fin, dueño del corazón del coliseo blanco. Le ha costado conquistar al público, pero nadie le discute ya su papel de primera figura en el Madrid. Auténtico líder de un equipo que cada día que pasa tiene mejor pinta. Tenía que ser el día de Cristiano, sí, pero acabó siendo el de Álvaro Arbeloa. El salmantino, habitualmente vilipendiado por el gran público, se regaló un encuentro para recordar, con un gol (pudieron ser más) y una asistencia que premiaron su derroche incansable de cada partido. [Narración y estadísticas]

En ausencia de Ronaldo, Jesé era el que se preparaba para concentrar los focos. Elegido por primera vez por Ancelotti para ocupar un sitio en el once titular, el canterano salió dispuesto a comerse el campo. Es quizá, y salvando las distancias, el jugador que más se parece a Cristiano en la plantilla. Sin la potencia del luso, su descaro y verticalidad les acercan en el imaginario colectivo, ese donde reside desde hace tiempo Ronaldo y al que aspira a estar en el futuro Jesé. [Fotogalería: el Real Madrid-Galatasaray, en imágenes]

Junto a él, Ancelotti dispuso un once de futuro, con una media de edad de 22 años de medio campo hacia delante. Lejos de la bisoñez, la dupla Casemiro-Illarra se comportó con la diligencia de un oficinista. Pulcros y concentrados. Repartiendo el juego el vasco y rebañando todos los balones que pasaban por su lado el brasileño. Por ahí aún le quedan muchos partidos a Xabi Alonso, pero el horizonte es brillante si la ansiedad no puede con ninguno de ellos.

Con los dos como escuderos, a Isco no le quedó otro remedio que ponerse a construir. La endeblez del sistema defensivo del Galatasaray se conjugó con la magia del malagueño para comenzar a crear peligro y a los cinco minutos Bale ya había dispuesto de un mano a mano frente a Iscan. El galés, al que le falta aún cierta templanza cuando se planta cerca de la portería, cuenta con una dinamita brutal en su pierna izquierda. Un cañón al que aún le falta precisión, pero que a potencia no le gana nadie, como demostró pasada la media hora, cuando un zarpazo suyo de falta directa adelantó al Real Madrid.

Para entonces, el conjunto blanco jugaba ya por diez por un fallo de Ramos que terminó con su expulsión directa. La falta de tensión general en el equipo se cebó en el sevillano, al que un despiste le llevó a derribar a Bulut —autor del empate al minuto de marcar Bale— cuando el delantero estaba ya a punto de encarar a Casillas. La roja dejó sin su día de fiesta a Jesé, sacrificado por Ancelotti para dar entrada a Nacho, así que el canario tendrá que esperar su noche de gloria.

Fulminados los dos aspirantes a protagonistas de la noche y dispuesto el choque para valientes por la inferioridad numérica, Arbeloa reclamó su cuota de protagonismo. El salmantino es un lateral atípico para el Real Madrid, acostumbrado toda su vida a los «gordillos», «roberto carlos» y «carvajales» de turno. Él, que creció en la Ciudad Deportiva, decidió tomar otro camino, rebelde del fútbol alegre. Ese trabajo gris que pocas veces sale en las portadas, ha sido imprescindible para todos los entrenadores del Madrid desde que regresó del Liverpool e incluso Del Bosque le eligió para ser parte del mejor equipo de la historia de España. Aún así, Arbeloa nunca había el centro de la atención. El hombre clave de un encuentro. Honor que, en el día de Cristiano y Jesé, asumió como propio.

Su gol llegó casi sin querer, en un centro de Di María desde la izquierda que el lateral remató llegando desde atrás casi sin hacer ruido y bordeando el fuera de juego. La falta de costumbre le pasó factura a la hora de celebrarlo y la risa floja de sus compañeros denotó lo atípico del asunto. Se creció tanto Arbeloa con el gol, que a punto estuvo de hacer otro. Se soltó el pelo y se sumó al ataque, olvidándose que atrás eran uno menos.

Un posible penalti anticipó la jugada del tercero, en el que el salmantino le devolvió la gentileza a Di María, acabando con la resistencia de un Galatasaray al que le faltó ambición para haberse llevado algo positivo del Bernabéu. Con el partido roto, Isco se apuntó a la fiesta con un tanto de patio de colegio. De esos que sólo son capaces de marcar los que han crecido con el descaro de la calle y terminó con medio equipo turco en el suelo asistiendo mudos al festival de regates del malagueño.

Un broche brillante para una noche que comenzó con el Bernabéu coreando a Ronaldo y que terminó con Arbeloa ovacionado. Una muestra de que este Real Madrid es un equipo compacto y sólido capaz de sobreponerse a la ausencia de su mejor jugador y de hacerlo de la manera más inesperada y que ya espera rival en octavos, clasificado como primero de grupo antes del último partido de la primera fase.

Fuente: abc.es

A la página de categoría

Loading...