Reciba las últimas noticias sobre temas interesantes con NewsHub. Instalar ahora.

La historia secreta de la novia que el Papa Francisco cambió por la Iglesia

3 de septiembre de 2017 01:03 PM
17 0
La historia secreta de la novia que el Papa Francisco cambió por la Iglesia

Era la tarde del sábado 21 de septiembre de 1955. Jorge Mario, que tenía 19 años, se había comprometido con un grupo de amigos a reunirse en un parque de Buenos Aires a celebrar el Día de la Primavera. María, la chica de la casa vecina en el barrio Flores, la chica que le gustaba, estaría en la reunión. Era muy probable que aquella noche empezara el romance.

Para entonces Jorge Mario ya había terminado el bachillerato en el colegio Wilfrid Barón de los Santos Ángeles, en donde había empezado a jugar al fútbol como defensa central y en donde, siguiendo a su padre, se había hecho hincha del cuadro argentino San Lorenzo. Aquella afición era más o menos una herencia: durante los años 20, Mario, su padre, se había hecho amigo de un sacerdote salesiano de Buenos Aires que había participado en la fundación del equipo de fútbol.

Mario se hizo hincha del club y se encargó de llevar esa devoción a los cinco hijos que tuvo con Regina, de los cuales Jorge Mario, nacido el 17 de diciembre de 1936, era el mayor.

A pesar de haber cultivado su amor por el fútbol, Jorge Mario nunca lo consideró una posibilidad a futuro. Entre otras cosas, diría su hermana menor María Helena, muchos años después, porque era más bien tronco y porque, en realidad, sentía una atracción particular por las ciencias exactas y por la química.

Justamente, para los días de aquella tarde del sábado 21 de septiembre de 1955 en que iba a reunirse con sus amigos y con su posible novia, ya se había graduado como técnico en química y llevaba varios meses trabajando en el laboratorio Hickethier-Bachmann, bajo la tutela de Esther Ballestrino, quien habría de ser desaparecida por la dictadura de Videla.

No lo sospechaba y años después, cuando recordara ese día, habría de pensar en que hasta ese momento, quizá las 7:00 p.m., no había ocurrido nada extraño, nada digno de rememorar, salvo el hecho de que había decidido pasar a la iglesia del barrio antes de verse con sus amigos.

Muchos años después, exactamente 58 años después, en 2013, cuando se convirtiera en el primer Papa Latinoamericano en la historia de la Iglesia Católica, cuando se convirtiera en el sucesor de Benedicto XVI y el primero en tomar el nombre de San Francisco, habría de recordar aquella tarde remota en que decidió confesarse antes de asistir a una fiesta: “ese día yo me encontré en el confesionario con un sacerdote que no conocía, que nunca antes había visto en esa iglesia, que era a la que yo siempre asistía a misa. Ese día, Dios me habló y de alguna forma me dijo que debía seguir su camino, que debía hacerme sacerdote”.

No fue a la fiesta. María seguramente se quedó esperando el principio de aquel romance que ella también deseaba. El lunes siguiente volvió a trabajar en el laboratorio realizando análisis bromatológicos destinados a controlar la higiene de productos alimenticios. Le habló a sus padres de su deseo, pero Mario y Regina no se mostraron satisfechos. Eran católicos, pero no esperaban tener curas en su familia. Su abuela Rosa, la madre de su padre, en cambio, le dijo que si Dios lo llamaba él no podía negarse. Dos años después, a sus 21, Jorge Mario Bergoglio se inscribió en el seminario Diocesano de Villa Devoto.

Los métodos de Dios son inescrutables: a algunos les habló con lenguas de fuego o zarzas incendiadas en el desierto y a otros con sonidos de trueno. Con el jovencito Bergoglio fue solo un soplo que requirió de algunos minutos de un sábado cualquiera en una pequeña iglesia de barrio.

En ‘La última misión del Papa Francisco’, Chaparro construye una especie de alegoría a propósito de la renuncia de Bergoglio en el cónclave de 2005. “Hay una leyenda que dice que, luego de la muerte de Jesús, Pedro salió huyendo de Roma y, en medio de su huida se lo encontró. Pedro le preguntó: ‘Maestro, ¿hacia dónde vas?’. Y Jesús le contestó: ‘a Roma, a ser crucificado de nuevo’. Esa respuesta hace que Pedro entienda que debe regresar para salvar la iglesia y el cristianismo. Con Bergoglio pasó algo parecido. Él renuncia en el cónclave del 2005 a su posibilidad de ser Papa, pero luego en 2013 su nombre vuelve a aparecer entre los papables. Él, como Pedro, descubre que no puede esquivar su destino y por eso, cuando es elegido, dice: ‘vinieron a buscarme al fin del mundo’”.

En 2013 el mundo occidental fue convulsionado por una de las noticias más insólitas de la historia reciente: después de más de 600 años, un Papa, un máximo jerarca de la religión más numerosa del mundo, renunciaba a su cargo. El Vaticano anunció que la abdicación de Joseph Ratzinger, el papa Benedicto XVI, se daba por “razones de salud”. “Lo cual no es cierto. Ratzinger sigue vivo y el último cumpleaños lo celebró tomando cerveza y comiendo salchichas alemanas”, dice Camilo Chaparro.

Como es ahora de conocimiento general, la renuncia de Ratzinger fue más bien la respuesta de un hombre desconcertado ante varios de los mayores escándalos en toda la historia de la Iglesia Católica. Uno de ellos fue la acumulación de miles de casos de abuso sexual a niños por parte de sacerdotes en todo el mundo, casos que crecieron durante el papado de Juan Pablo II y que hicieron explosión en el de Benedicto XVI.

Por otro lado, las filtraciones de documentos secretos de El Vaticano hechas a la prensa por el mayordomo de Ratzinger, Paolo Gabriele, habían revelado el oscuro entramado de poderes al interior de la Curia.

El entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio en una línea del metro de Buenos Aires. Hoy se considera así mismo como “el Papa callejero”.

“La renuncia de Ratzinger se debió a que básicamente no supo qué hacer con esos escándalos dentro de la iglesia y prefirió hacerse a un lado”, escribió el periodista inglés Mark Dowd.

El cónclave que eligió a Francisco, entonces, se dio en uno de los escenarios más complejos de la historia del Catolicismo. Como se señala en el libro ‘La última misión del papa Francisco’, durante el papado de Ratzinger y en medio de los escándalos que se sucedieron, la Iglesia había perdido alrededor de un 15 % de sus seguidores, una cifra cercana a los 400 millones de fieles. Y por otro lado, el enfrentamiento entre el ala radical conservadora con los elementos corruptos y el ala progresista - a la que pertenece Bergoglio – estaban tan encendidos, que incluso, muchos de los progresistas realizaron reuniones secretas en Suiza con el objetivo de encontrar un nombre para postular.

Es en ese contexto que Jorge Mario Bergoglio comprendió que no debía huir del destino que Dios le había impuesto.

“El Papa de los pobres”, “un cordero entre lobos”, “uo que huele a oveja y no a flores de altar”, lo ha llamado el cardenal brasilero Leonardo Boff.

Acaso la cualidad más evidente de Francisco respecto no solo a sus antecesores sino frente a los llamados “príncipes de la Iglesia”, los cardenales, es su inclinación por estar siempre junto a los pobres. Hay quienes dicen ver en su negativa a usar el apartamento papal, en su decisión de recortar sus gastos como Papa y en su discurso sobre las desigualdades del mundo una especie de populismo en días en que al Catolicismo le urge reconstruir su imagen ante el mundo.

Francisco, además, hace parte de Los Jesuitas, una congregación caracterizada exactamente por su trabajo con los más pobres. En Argentina llaman a muchos de ellos ‘los padres villeros’, porque suelen encontrarlos desarrollando misiones en las villamiserias del país.

Pero más allá de su formación religiosa, Francisco además tiene una formación intelectual particular proveniente de la denominada ‘Teología de la liberación’, formulada por el sacerdote brasilero Leonardo Boff y que predica la necesidad de que la iglesia católica salga de sus aposentos de suntuosidad y vaya al encuentro de los pobres.

No significa que Francisco sea un simpatizante del llamado comunismo del siglo XXI. De hecho, en varias entrevistas dadas a medios europeos, ha manifestado que el gran error de la ‘Teología de la liberación’, perseguida tanto por Benedicto XVI como por Juan Pablo II, fue su visión marxista del mundo.

Lo que sí significa es que Francisco, el mismo que mientras era el cardenal de Buenos Aires vivía en un pequeño apartamento con tres mudas de ropa que lavaba a mano y el mismo que prefería tomar el metro a un carro privado, decidió despojarse de la investidura principesca de los de su clase eclesiástica para convertirse en lo que él mismo ha llamado un “Papa callejero”.

En la cumbre del G8, realizada en Irlanda del Norte en junio de 2013, dijo ante un auditorio de más de 6000 seminaristas y monjas: “me duele ver a un cura o a una monja con el último modelo de carro. Cuando vemos que el primer interés de una institución parroquial o educativa es el dinero eso es una gran incoherencia. Si os viene la tentación de un buen coche, pensad en los niños que se mueren de hambre”.

La lucha ha sido feroz. Una vez el mundo se enteró de la elección del cardenal argentino como sucesor de Joseph Ratzinger, los cuestionamientos empezaron a conocerse.

El primero tenía - tiene - que ver con el apoyo a la dictadura militar de Jorge Videla por parte de la iglesia y exactamente de un sector de los jesuitas.

En 2010 Bergoglio, entonces cardenal, fue citado por la Fiscalía como testigo en el caso de estos secuestros y los medios difundieron la idea de que había sido él junto a la Armada quienes habían coordinado el rapto de los dos sacerdotes jesuitas.

La Fiscalía no pudo comprobar nunca la participación de Bergoglio en el caso, aunque sí se determinó que muchos sectores de la iglesia católica habían colaborado con la dictadura.

Sin embargo, más allá de estos señalamientos - que siguen vigentes por parte de algunos periodistas argentinos, como en el caso de Horacio Verbitsky, y por parte de abogados, como Luis Zamora - Francisco ha tenido un enfrentamiento más feroz y decisivo dentro de la propia Iglesia.

Por otro lado, ha emprendido un proceso de saneamiento de las finanzas del Banco Vaticano y, sobre todo, lo ha supeditado a las normas de transparencia de la banca internacional.

Ambas medidas le han ganado decenas de enemigos al interior de la curia: a los protectores de pederastas y a quienes durante años se habían beneficiado de perversa relación entre la mafia y la iglesia.

“Eso explica por qué, según la Fiscalía italiana, la mafia calabresa lo ha declarado objetivo militar y por qué ha habido una guerra sucia contra su nombre desde el interior de la Curia”, sostiene Camilo Chaparro.

El miércoles 6 de septiembre, a las 4:30 p. m., el Papa llegará a Colombia, donde estará por cuatro días. La agenda se desarrollará en cuatro ciudades: Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena.

El viaje comenzará en Bogotá y terminará en Cartagena, donde será el cierre oficial el 10 de septiembre, también a las 4:30 p. m., con una eucaristía.

El primer saludo del Papa a los colombianos tendrá lugar el jueves 7 de septiembre a las 9:00 a.m. en la plaza de Armas de la Casa de Nariño.

Fuente: elpais.com.co

Compartir en las redes sociales:

Comentarios - 0