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¿A qué viene Netanyahu a Colombia?

13 de septiembre de 2017 03:17 AM
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¿A qué viene Netanyahu a Colombia?

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, comenzó el lunes una gira por América Latina. Estuvo en Argentina, hoy llega a Colombia y luego terminará en México. Dina Siegel Vann, directora del Instituto Belfer para Asuntos Latinos y Latinoamericanos del AJC (Billa), explica los alcances de esta visita.

No es un hecho casual ni algo que se hubiera decidido a último momento. Esta visita a Latinoamérica consumió muchos meses de planificación. Argentina, Colombia y México son países líderes en América Latina desde el punto de vista político, económico y cultural y constituyen una plataforma ideal para afianzar la relación a futuro. Al asumir la Presidencia, Mauricio Macri dio un giro radical en las relaciones entre Argentina e Israel, que habían sufrido un duro revés cuando el anterior gobierno de Cristina Kirchner firmó un memorando de entendimiento con Irán. De entrada el presidente argentino dejó bien en claro que quería forjar vínculos estrechos con Israel. A partir de ahí, ambos líderes lograron crear una sintonía muy positiva.

Respecto a Colombia, se trata de una relación estratégica que lleva años. El presidente Santos visitó Jerusalén cuando fue ministro de Defensa y luego como Presidente y estableció muchos vínculos personales. Más allá de la importante colaboración en temas de seguridad, no nos olvidemos que Colombia acaba de aprobar el Tratado de Libre Comercio con Israel, lo que abre infinidad de oportunidades para la cooperación. Netanyahu lo dijo muy claro: Bogotá no podía faltar como destino en esta histórica visita. Por último, la relación entre México e Israel ha mejorado mucho en los últimos años: basta mencionar que Israel es el principal socio comercial de México en el Medio Oriente y el segundo inversor extranjero en México, sólo superado por Estados Unidos.

¿En Argentina la comunidad judía es grande, en México también hay mucho empresario israelita, pero no así en Colombia. Más allá del comercio, ¿Qué más busca el primer ministro en Bogotá?

La comunidad judía argentina es la más numerosa de América Latina y una de las más importantes del mundo, con un legado cultural muy rico. Netanyahu visitó Argentina también para fortalecer los vínculos con esta comunidad. Por su parte, es cierto que la comunidad judía mexicana tiene un perfil empresarial muy distintivo, y que su contribución a la economía del país ha sido reconocida por el actual presidente y por los anteriores. Pero es mucho más que eso: como ocurre en cualquier otro lugar, los judíos participan muy activamente en todos los ámbitos de la sociedad.

La comunidad judía de Colombia es comparativamente más pequeña que la de Argentina y México, pero no menos vibrante. Su compromiso con los procesos que vive el país ha quedado de manifiesto y déjeme decirle: sus dirigentes han sido excelentes embajadores de su país en el exterior. Más aún, no sólo el premier Netanyahu llega a Colombia para consolidar la relación: nosotros en el Comité Judío Americano (AJC, por sus siglas en inglés) vamos a realizar en diciembre nuestra conferencia regional precisamente en Bogotá, que es sin ningún lugar a dudas un lugar estratégico. Con la firma de los acuerdos de paz, Colombia le está dando un ejemplo al mundo de lo que se puede lograr mediante el diálogo y se proyecta internacionalmente como un país a tener en cuenta.

Es bien conocida la asesoría israelí a Colombia en temas militares y de lucha contra el narcotráfico. Pero ahora que se firmó la paz, ¿en qué quedó ese papel de Israel?

Israel es una nación que se desarrolló a base de ingenio, ante la necesidad de dar respuestas a problemas urgentes. No nos olvidemos que se trata de un país que fue creado en un territorio árido, rodeado por enemigos que buscaban (y todavía buscan) su aniquilación. Las energías del naciente estado fueron orientadas hacia dos frentes: el desarrollo científico-tecnológico para maximizar el uso de recursos escasos como el agua y las tierras aptas para la agricultura, y la creación de un sistema de defensa moderno y efectivo.

La fortaleza de la economía israelí es hija de estos dos pilares. Desde los inicios de la década del 60, Israel viene ofreciendo cooperación a muchos países en África, Asia, Europa del Este y América Latina en áreas tales como manejo del agua e irrigación, desarrollo urbano-rural integrado, mejoramiento de la producción agrícola-ganadera, creación de emprendimientos productivos, fortalecimiento de los sistemas educativos, integración social, promoción y administración de la inmigración, desarrollo del turismo, investigación, tecnología, ciberseguridad, seguridad urbana y, por supuesto, defensa.

Si bien el tema seguridad –muy importante por cierto, ya que ayuda a salvar vidas– es el que recibe mayor atención mediática, la cooperación entre Colombia e Israel abarca todos estos rubros. De todas formas, no hay que perder de vista que el posconflicto presenta otros desafíos a la seguridad. A mi modo de ver, la sociedad colombiana no debe permitir que los espacios que deja vacantes la guerrilla sean ocupados por bandas criminales, como tristemente ha ocurrido en países de América Central. Pero somos optimistas de que la paz abrirá muchas más oportunidades para la cooperación entre Colombia e Israel.

El presidente Santos le pidió a su homólogo ayuda en el tema del posconflicto. ¿En qué participará Israel?

En general, las posibilidades para la cooperación incluyen lo que le acabo de mencionar. Específicamente, en los últimos meses se incrementó la cooperación bilateral en el tema de remoción de minas antipersonales, que son un terrible lastre de más de cinco décadas de conflicto armado. La cooperación en seguridad urbana, en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo va a continuar, porque los problemas no desaparecen de la noche a la mañana. Pero también está el tema de la inclusión social y el desarrollo de oportunidades.

Por ejemplo, en el 2016 se firmaron acuerdos productivos agrícolas con los gobiernos departamentales de Antioquia y Cesar. El proyecto conjunto Megaleche Atlántico triplicó la producción en las granjas involucradas. Colombia es el país de América Latina que más becas de capacitación en Israel recibe. Tan sólo entre el 2012 y el 2017, más de 900 especialistas y funcionarios colombianos se capacitaron en Israel en cursos de posgrado. Por último, la reciente aprobación del tratado de libre comercio dará sus frutos. Las inversiones se multiplicarán y ambos pueblos saldrán favorecidos. No tengo ninguna duda al respecto.

La llegada de Irán a la región, debido a la acogida que le dio el chavismo en Venezuela, ¿tiene algo que ver con estrechar los lazos con otros países de América Latina?

El primer ministro, Benjamín Netanyahu, visita Argentina, Colombia y México porque se trata de países que comparten intereses y valores con Israel. La democracia, el respeto por los derechos humanos y la modernidad son banderas que nos unen. Irán se encuentra en el extremo opuesto: es un país que oprime a sus minorías, no permite el disenso, exporta y financia el terrorismo, desestabiliza el Medio Oriente, llamó abiertamente a la aniquilación de Israel, y sostiene en el poder a genocidas de la talla de Bashar al-Asad en Siria.

Más aún, Irán junto con la organización terrorista libanesa Hezbolá, es responsable de dos de los peores atentados cometidos en suelo latinoamericano: el atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires en 1992, en el que murieron 29 personas y más de 200 resultaron heridas, y la voladura del edificio de la mutual judía AMIA en 1994, en el murieron 85 personas y más de 300 resultaron heridas –a lo que tengo que agregar: de varios credos y nacionalidades. Estos atentados terroristas fueron posibles gracias a las redes tendidas durante años por las embajadas de Irán y sus centros culturales, y gracias a las células que Hezbolá plantó en la región.

La influencia iraní es un problema y la mayoría de los gobiernos latinoamericanos bien lo saben. Los vínculos del chavismo con Irán y Hezbolá podrían transformar la región en una amenaza para la seguridad propia y de todo el hemisferio occidental, y eso a nadie le conviene. Pero, la visita de Netanyahu tiene más que ver con la necesidad de ampliar los apoyos a Israel en la ONU y no tanto la influencia iraní.

En noviembre se celebra el 70 aniversario de la aprobación de la resolución 181 que llevó a la creación del Estado de Israel, al que países latinoamericanos le dieron un gran impulso. Crece el apoyo también a la creación del estado palestino en la región. ¿Cómo ve Israel ese respaldo?

Apoyar a Israel y la creación de un Estado palestino no son temas contradictorios. De hecho, la resolución 181 de las Naciones Unidas, que trece países latinoamericanos apoyaron –Colombia, México y Argentina se abstuvieron–, ordenaba la creación de dos Estados. Israel aceptó esa resolución –lo que significaba reconocer a un Estado para los palestinos–, pero ellos y el mundo árabe la rechazaron y lanzaron una guerra a todo o nada… que perdieron. Y luego vinieron muchas guerras más.

Piense que recién en los acuerdos de Oslo en la década del 90 la OLP aceptó de mala gana la existencia de Israel, y así se dio paso a la creación de la Autoridad Palestina. Sin embargo, hoy los palestinos están divididos, y la Franja de Gaza está controlada por el movimiento Hamás, que rechaza los acuerdos de Oslo, desconoce a Israel y está totalmente volcado al terrorismo.

La organización a la que pertenezco ha declarado en muchas oportunidades su apoyo a la solución de dos estados para dos pueblos, y creemos que dicha solución debe surgir de negociaciones directas con Israel. Pero el Estado palestino que surja debe a su vez ser responsable y estar dispuesto a vivir en paz con su vecino, poniéndole punto final al conflicto. Lamentablemente, no creo que tal disposición sea tan evidente hoy en día. La comunidad internacional y Latinoamérica en particular deberían tener en cuenta esta situación. Pero quisiera concluir diciendo que si hay algo que la historia nos enseña es que, más allá de los gobiernos circunstanciales, cada vez que Israel tuvo enfrente una propuesta de paz sincera, Israel la aceptó. Ahí está la clave.

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Fuente: elespectador.com

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